Hace 34 años, un frio y lluvioso martes 5 de junio de 1984, en horas de la mañana se encontró el cadáver del querido y reconocido vecino Jose "Pototo" Cisneros. Muchas personas vincularon su muerte, con el asesinato de Lilí Fernandez que había ocurrido pocos días antes. La causa fue caratulada "Muerte por accidente", al caerse presuntamente en una pequeña zanja en un aparente estado de ebriedad alcohólica. Había sido visto por última vez en la noche del domingo 3 de junio en un bar de 20 y 12, y habría permanecido presuntamente en la zanja sin que ningún vecino lo notara.
LA DUDA ETERNA
En principio, no se hizo la operación de autopsia y el procedimiento utilizado por la justicia, fue el habitual de esa época. Con el tiempo comenzaron a surgir dudas a cerca de detalles que no encajaban, como lo indicado anteriormente, donde nadie en el barrio había notado un bulto, en una zanja pequeña con poca agua y la existencia de un automóvil estacionado en el mismo lugar donde se lo encontró en horas de la madrugada de ese día lunes, por ejemplo.
Transcurridos varios años, surgieron dos indicios que indicarían que el cuerpo pudo haberse plantado en la escena de la muerte. El primer indicio fue que el cuerpo se hallaba de forma prolija situado en la zanja, su cabeza apuntaba en la dirección contraria a donde quedaba su domicilio y sus manos no se encontraban en una posición defensiva ante la caída, por que que podría indicar que al caerse o depositarse el cuerpo, estaría en un estado inconsciente.

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